Nunca más

Virginia Ogando se suicidó. Virginia era hija de desaparecidos, era una de los 105 nietos y nietas recuperadas por las Agrupaciones Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, era una joven de 38 años que buscaba a su hermano Miguel, también desaparecido en los años de la dictadura Argentina a partir de 1976.

Hoy resulta importante replantearse cómo los argentinos piensan el acontecer de esos años, cómo recuerdan lo que sucedía día a día. Más allá de la mirada oficial del gobierno actual, o del anterior, surge la necesidad de debatir y cuestionar a todos discursos que avalen el accionar represivo de quienes tenían el poder formal y real, quienes podían hacer lo que deseaban con la vida de las personas, con sus cuerpos, con sus pertenencias.

¿Quién puede afirmar que la desaparición de Miguel o de Virginia estuvo bien? ¿Quién puede sostener en un debate que el torturar cuerpos, ultrajarlos, violarlos y matarlos “era necesario para terminar con la subversión” o “ganar la guerra”? Sin dudas, muchos argentinos siguen pensando que los Derechos Humanos son sólo un “lema” utilizado por el gobierno de Néstor Kirchner o de Cristina Fernández para obtener adeptos o para perjudicar a ciertos sectores de la burguesía más tradicional y ortodoxa del país.

Quizás es así, quizás no. La discusión es otra. Además de la lucha por los desaparecidos, también están los recuperados. El daño psíquico que sufrieron los niños es muy difícil de reparar. No todos son Cabandié, que igualmente en su interior debió afrontar sus propias contradicciones o conflictos. Esos niños no tuvieron una infancia, estadio clave en la formación de todo ser humano. Sigmund Freud entendía a la infancia como la etapa de desarrollo de la sexualidad del niño, es decir, el desarrollo afectivo e incluso el psíquico en su totalidad. Esa etapa se quebró a golpes, a punta de pistola.

Estos trastornos nada tienen que ver con las convicciones políticas de “unos” o de “otros”. Los daños que causaron cientos de militares, y miles de civiles adeptos al régimen fascista-xenófobo, es una materia pendiente de discusión que la sociedad en su conjunto desaprobó en varias oportunidades. Al menos hoy continúan los juicios a los expropiadores, aunque esa justicia no alcanza para restaurar los daños perpetrados.

Acerca de Abdul Khalek Rodríguez

No es un enviado especial de Al Jazeera, tampoco es miembro de Al Qaeda. Llegó a la Argentina en busca de su “paz interior”; de actitud e ideas indiscutibles (por miedo o por conciencia social), promete “dar su vida” en cada producción discursiva en este portal digital.
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