Buenas tardes estimados compañeros bolivarianos. En primer lugar, quiero aclararle a todos aquellos que denigraron mi buen nombre, que me acusaron de “rojo” y de estar relacionado con las FARC, que me imputaron “abandono al Palacio Quemado”, y hasta que llegaron a decirme “bolita”, a todos ellos quiero decirles una sola palabra: “gracias”. Porque aisito aparecerá Elevo con sus historias como voluntario en la campaña de la cruz roja en Concepción, y el pueblo me apoyará. Y después contaré mis impresiones como testigo encubierto en la reforma de salud yankee, y los santacruceños me envidiarán. Pero voy a ser modesto, como me inculcó la pachamama, y sólo voy a limitarme a narrar los hechos. Las conclusiones quedarán en sus manos.
El sábado pasado, estaba yo ahí ayudando a nuestros hermanos chilenos, cuando me llamó “Huguito” para realizar una misión secreta. Antes de que diga que sí, ya estaba un shet privado que me llevó bien lejos. Me pusieron un traje con corbata, un poco de gomina en el cabello y hasta me polvorearon la cara. Un celular, un micrófono escondido en la oreja y un portafolio. Cuando llegamos al lugar, alguien me alcanzó el Washington Post y me dijo: “Fijate el título e improvisá”. Y yo leí: “Te great heal-care debate”. Mejor se los escribo: “The great health-care debate”. Al menos, ahí supe que se trataba de un debate. 
El lugar era muy lujoso, demasiado quizás para lo que uno está acostumbrado. Escuché los discursos de republicanos y demócratas, al menos así se presentaban antes de hablar. Luego levantaron la mano. Yo lo hice en la primera tanda de votación. Aparentemente ganamos nosotros con 219, contra los 212 de los otros. Algunos me felicitaron, otros aplaudían. En ese momento sonó mi celular. Atiendo. Era “Huguito” quien auguró: “Te felicito compañero. La reforma de salud ya es un hecho. Los fondos irán para 32 millones de yankees indefensos, y se dejarán de meter balas por el mundo”. Antes de que pueda decir algo, continuó: “Por fin el black-power obliga a las compañías de seguros a atender a todos los ciudadanos sin restricciones, y además le aumentarán los impuestos a los empresarios oligarcas del norte. El socialismo está cerca Elevo, está cerca”. Cortó.
Finalmente, llegué a mi tierra ayer por la mañana y me desayuné con una serie de críticas. Por suerte, las voces que se escuchan son de la minoría, con poder político y económico, pero minoría. Todo sigue su camino, el rumbo inevitable hacia el nuevo mundo: el socialismo cocalero. Los saludo y me quedo a la espera de una nueva misión. ¡Hasta la revolución, siempre!