Siguiendo con la lógica del periodismo comprometido de Clarín, es la hora de contar un lindo cuentito acerca de lo lindos que son los jerarcas de este portal y los hermosos mensajes que reciben de todos y cada uno de los lectores al salir a la calle. Los periodistas del gran diario argentino no concurrieron a documentar la primera salida oficial del 2010, por estar ocupados “haciendo lobby por la Metropolitana”, pero eso no impidió una noche digna de una crónica que la inmortalice.
Dos jornadas antes, uno de los cinco integrantes de la mesa chica del portal se había bajado, aduciendo una vez más compromisos pre-existentes, que casualmente coinciden con lo que el suple Viajes y Turismo de La Nación considera “escapadas de fin de semana”. La baja no hizo temblar al Merval, ya que hasta en Wall Street están acostumbrados a estas ausencias. Sí sorprendió (un poquito) la deserción a último momento de Ben Linux, quien esgrimió “problemas con la conexión P2P” para llegar. La verdadera sorpresa fue el despliegue gastronómico que Puche tenía preparado para sus compañeros (doble sentido al margen). Luego de las tradicionales conversaciones acerca de la conveniencia o no del uso de las reservas para pagar deuda, se pasó al quid de la cuestión: ofrecer a Liz Solari consuelo en este duro momento. Lamentablemente, a pesar de mis intentos, no pude ubicar a la modelo en ninguno de sus teléfonos, por lo que la invitación a “resucitar a este muerto” solamente pudo ser entregada mediante facebook.
Una decena de personas, vestidas con dos talles menos de lo conveniente y demasiados músculos para suponer alguna actividad neuronal, intenta descifrar el año de nacimiento de una joven antes de decidir si le corresponde disfrutar de la noche, en algún interesante lugar del conurbano bonaerense. Finalmente, y gracias a la inestimable intervención del Lata Cardozo, la pulposa púber logra sortear la barrera de creatina de la entrada del boliche, no sin antes regalarle una sonrisa al Lata, que fue correspondida con un gesto obsceno de invitación a reencontrarse posteriormente. Casi como si no hubieran pasado dos meses, la noche empezó donde había terminado la anterior.
Mientras algunos se dedicaban al desenfreno y a usufructuar las bondades de la fama, no pude evitar que mi ojo periodístico se pusiera a trabajar, y así comprobé una creciente cantidad de mujeres con polleras y/o shortcitos blancos, color que no está tan presente a la hora de los escotes. Sería irresponsable teorizar con solo una noche de trabajo de campo, por lo que voy a volver (de la mano de los viáticos) para comprobar si mis observaciones son impecables o, solamente, acertadas.
A cada instante, la gente nos preguntaba o decía algo: “¿ustedes son los de FROYD?” “¿Tenés fuego?” “¿Podés dejar de apoyarme que hay media barra libre?” y el infaltable “¡yo los sigo por Twitter!”. De a poco el reggaeton se fue metiendo en la conversación, inspirando movimientos pélvicos y reflexiones acerca de su penetración explosiva en los boliches argentinos, que resultó más que una moda pasajera. Se me hacía imposible distinguir a mis colegas entre tanta gente que se acercaba a saludar o exigir pagos atrasados, pero cada tanto las manos al cielo del Lata Cardozo me transportaban sin escalas al momento de su único gol oficial. Y me encontré pensando emocionado: ya se viene el torneo de fútbol.
Cuando las luces me cegaron por un momento, el individualismo se apoderó de mí y decidí salir al encuentro de mi chofer y mi vehículo blindado para retirarme, sin atreverme a mirar atrás. A la pasada dos lectoras de primera clase me consultaron el tamaño de los sobres que llegan a la redacción, en busca de tapar un asunto o maximizar una noticia menor. Mientras subíamos al auto les expliqué que no aceptamos ese tipo de dádivas, pero que entendía a los Van der Kooy, a los Nelson Castro y al staff del Argentino, por ser novatos que necesitan tales aportes para vivir. Nobleza obliga, la única mancha en la jornada fue la imprudencia de un trapito que por una mísera propina negada intentó arremeter contra nosotros. Espero que el Jefe de Gobierno se haga cargo de esta situación que es más importante que la educación y la salud, y me permita vivir en paz. Al fin y al cabo, soy un laburante.
Que bueno que Froyd se junte nuevamente…
Que bueno que Froyd se junte nuevamente…