Decepcionado. Amargado. Obnubilado. Desesperanzado. Parcialmente descremado. Así estoy, mis queridos fans, frente a la actualidad desesperante del periodismo argentino. Largamente hemos puntualizado muchos episodios tragicómicos del cuarto poder nacional, por lo que no voy a redundar en ellos. En los últimos días, para colmo, una especie de oasis del debate y el análisis, como 6-7-8 (que dicho sea de paso usa números en su nombre en una clara muestra de cómo cada una de mis acciones generan tendencia), se contagió de la mediocridad general, e incluso cayó en la tentación de sumarse a la espectacularización del hecho, como demostró el video que difundió en esta semana.
Ni que hablar de los canales de noticias, que como ya analizó mi futuro colega Mandarina Mecánica, directamente toman lo que viene desde afuera y lo ponen al aire, sin tener la menor seguridad de qué están narrando. El “pibe atrapado en el globo” es uno más de tantos otros casos en los que la búsqueda de la primicia y la breaking news se devoran a la coherencia periodística.
Con todo esto, y mientras iba con mi chofer a dar una vuelta por Puerto Madero, me vi de repente inmerso en un embotellamiento. Se imaginarán que mi humor no podía ser peor, hasta que por suerte divisé un afiche de Space anunciando que pasarán la NBA los jueves. “Todavía hay esperanza” murmuré, al tiempo que al ver otro cartel (bastante más pequeño), me pregunté: ¿Es imaginación mía o Nicola di Vari está igual a Guillermo Nimo? Una vez más sorprendido gratamente por mis ocurrencias, empecé a cranear un concepto acerca del periodismo.
Está claro que el concepto de objetividad está más que nunca en crisis. Desde el 2001 para acá, los medios han perdido su rol de defensores del pueblo frente a un estado ausente. Hoy por hoy, casi no hay que esforzarse para develar qué intereses tiene en juego tal o cual comunicador, y el corporativismo está en su máxima expresión, haciendo frente al enemigo de turno que lo “ataque” sea el gobierno, Maradona o el clima (en el caso del bloqueo de señales). Se trata del Periodismo Vedette, con mayúsculas, que genera duelos al mejor estilo Nazarena Vélez. Lo irónico es que desde hace años se critica (fundadamente) al oficialismo por usar la confrontación como arma de posicionamiento, y ahora es el propio periodismo el que se erige como víctima.
Pingback: Bitacoras.com
Pingback: Bitacoras.com