Así se despidió Néstor Gorosito de River. El mensaje no era de aliento para lo que viene, sino de amargura por el dinero que perdió al renunciar, equivalente al valor de un modelo de la concesionaria más famosa del mundo. “Este equipo es un desastre” remató cuando ya enfilaba por Avenida del Libertador hacia destinos inciertos.
Por estas horas, José María Aguilar se debate entre iniciar un interinato que podría dejar a River cerca de la promoción, es decir peleando mano a mano con Independiente y Racing, o volver con el caballo cansado y llamar a los sospechosos de siempre: Ramón Díaz y el Leonardo Astrada. Todo esto con el condimento de que se vienen las elecciones, con lo que el actual primer mandatario deberá consensuar con los candidatos cada paso a seguir. Buscando el lado positivo, si se contrata un técnico antes de los comicios, los ganadores tendrán 6 meses de gracia para denunciar los “impresentables manejos de la conducción anterior”, si finalmente la situación no se revierte.
Párrafo aparte para el periodísticamente catalogado como “nuevo ídolo de River”, hace tan sólo unos meses: Cristian “son los peores 8 meses de mi vida, y contando” Fabbiani. El “ogro” no sólo perdió el puesto con Ortega, Buonanotte y Gallardo, sino que también está relegado frente a ignotos juveniles como Villalba y Bou. Desde FROYD bancamos la desfachatez del terror del teatro de revistas, aunque la polémica crece por sus actitudes cada vez más tribuneras.
¿Qué pasó entre el Gorosito de hace 10 días, que acordó seguir por respeto al River de sus amores y este que se fue elogiando a Almeyda y Ortega? Muy sencillo, se recuperó de la lesión Marcelo “me cargué otro técnico” Gallardo. El enganche firmó la salida de “pipo” cuando vio que no estaría entre los titulares frente al ciclón, y ratificó su postura al ni siquiera ver un minuto en el encuentro. Así, se cierra un nuevo capítulo en la tragicómica novela del River del siglo XXI, que pasa de campeón a último, de traer a Rosales del Ajax a no poder contratar a Mercier de Argentinos, y de pensar en las copas a mirar de reojo la promoción. Nunca en mejor momento vienen las elecciones, que traen la esperanza de que el Millo vuelva a ser el más grande, lejos.
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