Nuevamente tengo la oportunidad de escribirles a mis amigos lectores, a pesar de que FROYD sigue sin poder comunicarse conmigo. Yo lo llamo todo el tiempo, pero no sé qué pasa con las comunicaciones de hoy. Siempre me salta una voz que me dice que deje un mensaje, o que está fuera de área, o incluso que el número solicitado no pertenece a un cliente en servicio. Yo sabía que a la larga los celulares iban a ser un problema, por eso me sigo manejando con los teléfonos públicos y los locutorios.
En fin, mi insistencia era para comunicarle que conseguí un nuevo trabajo. Ya lo decía mi padre: “persevera y se verá” y así fue nomás: soy un obrero público, o algo así. Lo malo es que tengo que ir todos días a trabajar con los muchachos, pero lo bueno es que sólo laburamos 2 horas por día. Nos llevan en un camión, nos dan vestimenta, son unas pecheras amarillas con una letra H bien grande. Al principio pensé que íbamos a trabajar bajo tierra en el subte, pero después me dí cuenta que el puesto era para romper veredas y comer sándwich de bondiola y queso, con Coca Cola, claro.
Imagínense lo contento que estoy. ¡Me pagan una fortuna! Algo así como $ 825 más los viáticos. ¡Estoy chocho! Eso sí, lo difícil de este trabajo es aguantar los insultos de los tacheros de la ciudad porque les cortamos una calle o “les reducimos la calzada” (je je aprendo rápido las frases). En realidad, esa gente no debería quejarse, les estamos arreglando las calles para que no se les rompan los amortiguadores de los autos y encima nos gritan: “¡Ladrones! Trabajan en hora pico para que todos los vean. ¡Delincuentes!” Yo nunca le robé nada a nadie. Es injusto. Yo sólo sigo las órdenes del capataz y punto. A parte ¿qué quieren, que trabajemos de noche? No se ve nada. Pero por favor.
Y bueno, todavía no cobré ni un peso, pero ya tomé la decisión más importante del último tiempo: agarré todas mis cosas y me fuí a vivir al centro, a un barrio que le dicen “Monseñor Serrat” (¿es un cantante, puede ser?). La pensión que estoy ahora se llama “El último recurso” y la verdad que es otra cosa, nada que ver con aquella de Constitución. Somos cuatro nada más en la pieza, tengo una cajonera con dos cajones para mí y hasta un baño, compartido con 5 piezas más. Y la gente es muy cálida, son todos muy amables y nos llevamos muy bien. Desde que me mudé, o sea el fin de semana pasado, todo está en orden.
Espero seguir teniendo un ratito para contarles mis vivencias semana tras semana, siento que la suerte está de mi lado, y espero poder ubicar a FROYD y festejar con él el principio de mi despegue definitivo. ¿Saben algo de Carlita?