Si bien la tendencia de cercar los espacios públicos no es novedosa, en el ámbito metropolitano se acrecentó durante la gestión del Licenciado, que en sus dos años como Jefe de Gobierno pasará a la historia como “el carcelero de los parques”. Durante los últimos meses, más de cuarenta espacios verdes fueron remodelados y “equipados” con modernas rejas perimetrales. Al parecer, esta sería la mejor forma de terminar con los indeseables vagabundos y sin-techo que deambulan por la Paris Sudaca.
Quizás esta sea la verdadera tendencia, la de desarrollar obras públicas con un fin específico, intentando volver más atractiva a la meca de los turistas extranjeros y sus suculentas chequeras. Hace un tiempo, en los despachos oficiales se escuchó la opinión de la voluptuosa asistente personal de un alto funcionario, en otros tiempos socialista. La dotada secretaria dejó entrever que Roma le encantó porque es una ciudad que “la invitaba a sentarse”. Automáticamente, desde el área de planificación se aprobaron numerosos ensanchamientos de veredas, con la consecuente instalación de bancos. El problema era que dada la situación social argentina, los bancos tradicionales hubieran atraído personas indeseables a lugares “derechos y humanos”. ¿Cómo solucionarlo? Muy fácil, instalando paquetísimos apoya brazos, casi invisibles, que indican: “sentate pero ni se te ocurra acostarte”. Sencillamente brillante.
Si hay algo que le sobra a FROYD es capacidad para señalar contra argumentos a sus postulados, y lo demuestra una vez más: Las nuevas obras y la novedosa actitud porteña derivaron en un nuevo diseño de castos de basura. Ante la imposibilidad de mantener sanos los cestos plásticos de distinto diseño a lo largo del tiempo, los flamantes modelos incluyen una amplia boca para ver su contenido, en caso de así desearlo. ¡Finalmente los hambrientos pueden darse un manjar! ¡Es casi como un tenedor libre! Comenta con una sonrisa de oreja a oreja José, quien desde hace décadas sobrevive de la basura porteña, y agrega agradecido: “antes con los naranjitas o los verdes era complicadísimo, tenían una boca muy chica y había que meter la mano sin ver, o pasarse un buen rato para sacar la tapa”.
Una vez más la Capital es ejemplo de tolerancia, solidaridad y gestión social. Claro está que no sorprenden estas medidas al analizar las cifras de Borocotón S. A. que indican que al 86% de los porteños los pobres “le rompen soberanamente las pelotas”, mientras que al 10% “le importan básicamente un pito”. FROYD sin embargo confía en que el último baile de Nina Peloso en el caño sirva para desarrollar la consciencia social que tanto hace falta en nuestro país.
Para concluir, FROYD evita caer en la tentación de referirse a la definición filosófica de “espacio público”, y su nuevo significado en el nuevo milenio, para caer de lleno en la tentación de subirse al flamante tranvía de Puerto Madero y brindar por la clausura del horrible comedor comunitario de Raúl Castells.