Cuando EE.UU descuidó Latinoamérica

Digamos que uno encuentra eso que llaman “el sentido de la vida”, cuando se da cuenta que al fin y al cabo todo depende de la “reacción de los mercados”. Que está sensible, que se desplomó, que son incompatibles, que hay que conquistarlo, en definitiva una sarta de boludeces que terminan generando la profecía autocumplida. Es decir: hay que hacerle caso al mercado. Sin embargo, esta especie de reflexión con cierto tinte de indignación no puede más que recibir la fuerte censura por parte del editor de Internacionales. Y en este sentido, la directiva es: “ocupate de averiguar en que anda Maddie (la niña ¿secuestrada?)”.

El compromiso con los Derechos Humanos, suponemos que también del Siglo XXI (y XXII y XXIII y XXIV, etc.) hacen que el corresponsal exterior sea despachado en un vuelo charter hacia el país del eterno retorno fujimorense. Salvo para un especializado periodista de BAE, nadie podrá dudar de que Latinoamérica está llevando hacia adelante un giro a la izquierda, mal que le pese a la clase media porteña. Los ejemplos abundan: Lula Da Silva, constituido como Presidente brasileño a partir del apoyo del Partido de los Trabajadores hace tiempo entregó los medios de producción a la clase obrera; Uruguay muestra cada vez más una actitud progresista al sentarse a dialogar con la Argentina sobre las papeleras; y Chile está ansiosa de devolver a su pares la tan ansiada salida al mar.

maddieEstos claros ejemplos, sin embargo, se ven claramente desplazados del interés progresista ante el inminente retorno de las prácticas neoliberales a partir de los últimos sucesos ocurridos en Perú. Y la consigna resulta ahora condenar de manera rotunda la actitud tomada por el presidente Alan García, quien en medio de reclamos para mejorar la distribución de la riqueza, terminar con los privilegios hacia las empresas transnacionales (o “crisis social” como justifican los periodistas dependientes), sancionó nuevas leyes que exculpan a las Fuerzas de Seguridad ante “excesos de violencia”. Dichas medidas no hacen más que sospechar que el país del oro corre por vías distintas al resto de los países latinoamericanos. O que por lo menos corre por las mismas vías que Jorge Sobisch, quien a estas alturas ya nos hace dudar con respecto al asesinato del docente Carlos Fuentealba, o por lo menos así lo deja entrever la justicia neuquina y la prensa diaria.

Sin embargo, no todas parecen ser noticias contradictorias. En un claro ejemplo de manejos transparentes, el país que ahora debe ser incluido en los manuales de geografía de enseñanza básica dada su trascendencia bélica, resultó campeón de la Copa de Asia de fútbol. Irak, envuelto en un terrible quilombo de intereses, etnias, religiones y fundamentalismos, ocupó las principales portadas de los diarios bajo la consigna: “llegó la paz”. Para más tarde verse desplazada por informaciones caprichosas que señalaban la vuelta de las muertes como moneda corriente. Solo en un país como la Argentina, un éxito futbolístico puede llegar a dejar los reclamos sociales de lado. Inexplicable dosis de ingenuidad se vieron por estas fechas en la publicación de informaciones.

En definitiva, y mientras Sarkozy recrudece el odio racial con medidas retrogradas, el mundo está cada vez más cerca de convertirse en un video-game cuyos únicos dos joysticks siguen estando en manos de Bush y Brown, de B(e)B(e), de Estados Unidos e Inglaterra.

Acerca de Froyd

Es el jefe. Cuando le hablan de política, utiliza su cintura y esquiva el compromiso afirmando “se lo dejo a los que saben”. Y cuando le repreguntan qué opina de F. de Narváez, mete una gambeta etílica a lo Ortega y dice: “lo dejo a tu criterio”.
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