Menos de un año ha pasado desde aquel momento en que Román se había transformado en el peor de los villanos, tras no haber cumplido con el objetivo planteado por toda una sociedad: llevar a la Argentina a otra final del mundo. Esto, sumado a la pelea que tuvo con el técnico del Villarreal, el (¿Inggeneri?) Manuel Pellegrini, que lo separó del plantel, generó una bronca contra este personaje del fútbol que se expandió a escala planetaria.
Momentos difíciles fueron los que rodearon al astro del fútbol. Golpes mediáticos, humillaciones cotidianas de diarieros, motokeros, vecinos reunidos en bares, mujeres cuchicheando en peluquerías, taxistas en los autoservicios de las YPF. Todos pronunciaban con gestos violentos al aire y amenazantes sobre los televisores, cada vez que aparecía la figura del futbolista, injurias tales como: “Riquelme traidor”, “Riquelme pecho frío”. Hasta el corresponsal de FROYD en España, pudo escuchar una conversación de dos socios vitalicios del Villarreal en una confitería cercana a las instalaciones del club. “Riquelme os has dejado sin alma y sin dignidad, todo porque no habéis puesto la garra necesaria en los momentos extremos. Traidor, coño” le comentó “quique” Rodríguez a su amigo Manolo Sánchez.
Esta no es una nota deportiva como la de ediciones anteriores, tampoco es una nota de color, ni siquiera de descargo ante tanta difamación y crueldad. En realidad, FROYD no sabe si esto es una nota. Sin embargo, el motivo de tan larga presentación se debe a que de la mano de Juan Román Riquelme, Boca Juniors conquistó la sexta Copa Libertadores de América en su historia. El Xeneize se transformó nuevamente en el Rey de Copas y San Lorenzo en el campeón más disminuido del siglo XXI.
Mística, oficio, personalidad, corazón, talento, humildad, solidaridad, todas cualidades que en otros momentos condecorarían a un Boca campeón. No obstante, luego de lo que se vivió la noche del miércoles 20 de junio, en un estadio brasilero llamado el Olímpico Monumental de Porto Alegre, todos esos elogios se vinculan con una sola persona (¿persona?, ¿fenómeno?, ¿monstruo?, ¿genio?, ¿”ta-tán ta-tán”?). El topo Gigio convirtió los dos goles de la final y fue la figura de aquella recordada noche. El libertador de América no fue “San Martín” en esta oportunidad, pero sí un “San Román”, un “San-palastortas” e incluso un “San-dwich” de mortadela y queso fueron las claves de esta nueva conquista del fútbol argentino.
Todo parecería indicar que la selección Argentina le pediría a sus sponsors que cambien los spot publicitarios y sus colores marketineros, para tratar de obtener algún aire de victoria. FROYD le propone a la AFA que la selección juegue con pantalones amarillos, que su eslogan sea: “Estaría bueno otra copa” y que PRO-grese a la segunda fase de la Copa América. Disculpen, FROYD y su deja vú.
La histórica victoria de Ángel Cabrera se recibió de distintas manera según sectores, barrios y ámbitos en la sociedad porteña. “FROYD investiga”, presenta: “La epopeya del sudaca”:
- En Palermo, Recoleta y Belgrano: “Jugó impresionante. Los 69 golpes en la vuelta final fueron apasionantes”.
- En Barracas, Pompeya y Monserrat: “El golf no me interesa. No hay fules, patadas ni piñas”.
- En el Hard Rock Café: “Orgulloso con lo que hizo Ángel. El birdie en el hoyo 12 sólo lo hacen los grandes”.
- En el bar “La glorieta de Quique”: “¿De qué juega ese?”.
- En el bunker del PRO antes de las 6 de la tarde: “Me emocioné cuando levantó la Copa y lo abrasé con lágrimas entre la multitud”
- En el bunker del PRO después de las 6 de la tarde: “Filmus me hace acordar al negrito ese, a Tiger Woods”.