A lo largo de la extensa historia académica personal, uno se encuentra cara a cara delante de un profesor o examinador más veces de las que cree. Según datos del INDEC (no alterados por Miceli), una persona se ve involucrada en promedio en situaciones de examen el equivalente a un año entero de su vida. A nadie se le escapa que estas son situaciones estresantes, por lo que la importancia de estos tips (término ultramoderno utilizado en el ambiente publicitario) resulta central.
Está comprobado científicamente (según estudios de la Guerrillerean University of Chiapas) que el pico de estrés se da en los momentos previos al examen. Según la descripción brindada por Pipo Cipollatti (“El estudiante”) se siente una presión que bulle en el interior de tu organismo y que sale al exterior a través de los poros de la piel y se transforma en un líquido molesto y oloroso que te incomoda aún más. La sangre sube a tu cabeza y comenzás a tener calor. Pasando en limpio estas palabras, básicamente uno transpira y tiene calor. Otro síntomas que pueden aparecer son: imposibilidad de expresar algún tipo de vocablo, temblor en las manos, visualización del docente como un archienemigo, y en algunos casos extremos: erecciones.
Para todas estas situaciones, FROYD saca de su galera personal consejos que están basados en plagios a autores de libros de autoayuda y física cuántica. En primer lugar, trate de evitar los exámenes. Como esta decisión es un poco extremista y de poca hombría, existen otras alternativas.
Siendo usted un estudiante universitario al que le sucede la misma sensación de inseguridad cada vez que debe ingresar a la morgue, mejor dicho a una simple aula de facultad, experimente con sustancias preferentemente líquidas para calmar los nervios. Algunas combinaciones interesantes son bebida cola con cafiaspirina, bebidas energizantes con gotitas de alcohol o litros de café durante toda la noche antes de rendir. Otra forma de tranquilizarse (desaconsejada por la San Inquisition Research of Vatican) es la autosatisfacción. Si bien no se han comprobado resultados interesantes, si le garantizamos un “buen momentaaaa”.
Siempre es bueno tener en cuenta que después de repetir las ideas de Marx o los artículos del Código Penal o de nombrar todos los huesos y músculos del cuerpo humano hasta el cansancio, no puede haber nada que lo detenga. Ningún profesor sabe el esfuerzo que usted ha realizado para aprobar. Sólo usted (y su amigo con quién comparte el departamento de dos ambientes) está seguro de que en su cerebro está toda la información necesaria para aprobar. De esta manera, intente canalizarlo para que el efecto del profesor no sea intimidatorio, sino que le produzca una sensación desafiante (al estilo Viviana “bicolor” Canosa) que lo lleve a demostrar que alguna vez en su vida tomó un libro.
En tiempos de Gran Hermano, nunca mejor dicho: “¡adelante mis valientes!”.