Se terminó la mentira. El famoso y arrogante australiano Leyton Hewitt, ex número uno del mundo y ex novio de la gorda y fea tenista Kim Clijsters (se rumorea que las causas de su separación a punto de contraer matrimonio, fueron los encuentros sospechosos en los hoteles del circuito con otro tenista: el “gordo” Calleri), demostró una vez más que en los momentos difíciles desaparece. Ni sus diez gorilas de guardaespaldas, ni sus gritos de “camon”, pudieron asustar a nuestros gladiadores a la hora de jugar.
La serie fue muy despareja. El viernes Argentina ya ganaba 1 y ½ a 0. En el primer turno, el gran David Nalbandian derrotaba sin problemas al avejentado Mark Philippoussis en tres cómodos sets. Luego, el momento esperado: Hewitt versus todo el estadio y también Acasusso. Leyton tenía todo para ganar el partido pero apareció un “chucho” de frío que le corrió por todo el cuerpo y lo hizo perder el cuarto set. El estadio, de la mano de los cantos de Maradona, se comió al australiano y agrando aún más a José, que siguió pegando su revés como sólo él sabe hacerlo hasta que la lluvia suspendió el partido. El parate permitió escuchar las palabras de Gastón “me quiero ir a casa” Gaudio quien gritó desde el balcón de su departamento de Palermo Hollywood: “El mejor revés del mundo lo tengo yo”.
El sábado después de haber finalizado el mejor partido de José Acasusso con la celeste y blanca y de haber terminado de pisotear al australiano más odiado de todos (junto a la raya que terminó con la vida del último Cocodrilo Dundee) llegó el turno del dobles.
Y ahora sí, la Copa cambia de nombre. David se puso el equipo al hombro, jugó de manera brillante y a pesar de los errores de su compañero doblista Agustín Calleri, pudo derrotar sin problemas a Arthurs y Hanley.
¡Argentina, Argentina! era el cántico (después de hacer la ridícula ola) de los 14 mil hinchas que coparon el fin de semana el Parque Roca, mejor conocido como el “Telerman Park”. Los Argentinos tenemos un nuevo santo: “San David” y por eso lo adoramos, le damos las gracias por otra alegría, gracias por entregar todo cada vez que usa la celeste y blanca, gracias por llevarnos a la final de la Copa Davis. Y le pedimos: No te lesiones por favor, aunque todos sabemos que se encontró un muñeco de este Santo atravesado por alfileres en la habitación que ocupó por dos días un “mago” en el Hotel Howard, mientras se jugaba el US Open.

Por segunda vez en su historia, Argentina logra llegar a una final de la Copa Davis. Esta vez no será en Estados Unidos como lo fue en 1981, con “batata” Clerc y Guillermo Vilas como nuestros estandartes, pero si será igual de difícil que aquella recordada final cuando los primeros días de Diciembre estemos jugando en el cemento Ruso. Ya va a ver tiempo para preparar el equipo, por ahora sólo hay que festejar. “Fue una verdadera fiesta, casi como un partido de exhibición” comentó totalmente relajado Juan Ignacio Chela, después de darle el quinto y último punto a la selección Argentina.